Miguel Collantes Depaz

 

EL COLOR DEL DIBUJO EN COLLANTES DEPAZ

Miguel Collantes DepazSi consideramos que toda obra pictórica posee una fuerza íntima que se va haciendo visible conforme la vayamos visualizando de modo total y que por ser ésta una forma específica tomada de la realidad, podríamos colegir que esta figura exterior de todo cuerpo contenida y demarcada por líneas, contornos y superficies, es el dibujo. Este esbozo vital con sus límites deliberadamente como foco de atención en el esquema general de cualquier composición bidimensional.

En las obras de Miguel Collantes Depaz, no nos sorprende ver, entre un aparente desorden de meditadas pinceladas cromáticas, un fiel dibujo que va ordenándolo todo y que se ha convertido en el eje y la fortaleza plástica de sus pinturas. Es que la trayectoria de este pintor peruano no solo ha sido continua sino que se ha sostenido en una permanente práctica del dibujo. Proceso que naturalmente le ha llevado a tomar conciencia de que un buen dibujo, muchas veces difuminado en la bruma del color, asegura el éxito de todo planteamiento pictórico figurativo.

Si con el dibujo lineal aboceta perspectivas del paisaje urbano hispano, sin embargo es el acentuado color el que lo transforma todo para ofrecernos creativamente una metáfora sintética, una creación particular, de esos lugares. En cada lienzo va dejando la impronta de un pincel vigoroso que domina el lenguaje del color y revela, además, el temple del espíritu del artista. El resultado concreto que ha logrado con su pintura tiene su fundamento en la razonable práctica académica que, siendo alumno de la Escuela Nacional de Bellas Artes del Perú, lo llevó a la naturaleza misma a buscar sus múltiples coloridos estimulado por el óleo fértil y, también por los rápidos efectos de la acuarela.

La pintura de Collantes Depaz esta presidida por un silencio, un vacío sonoro, una soledad atmosférica. Un nocturno color violáceo nos viste el alma de una lejana tristeza, aunque los cálidos matices que se funden con el cielo son las luces seductoras, la alegría discreta de una hora imprecisa. Lienzos con interpretaciones libres forjados ante el modelo real pero resueltos casi al margen de él, dan ya los augurios de que estamos ante una pintura sobria que está próxima al concepto cromático, a la alegoría que celebra el color, al natural descubrimiento de una abstracción que tiene su origen en las cosas comunes.

La fuerza estructural en su composición, el dibujo espontáneo y libérrimo untado por una vivificante armonía colorística más los ritmos febriles del pincel sustentados en su sólido oficio esbozan ya la magnitud de una obra en plena madurez que se llena de puro color humano con el paso del tiempo.

Pablo Yactayo

Lima, Galería Dédalo de Barranco, noviembre del 2006

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