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ARTE DE ALTAMIRA Junio 02

“Si recordamos, por ejemplo, las representaciones rupestres en las cuevas de Altamira, nos damos cuenta del interés artístico que les concedemos hoy, aunque su finalidad originaria debe buscarse en motivaciones de tipo religioso o mágico” Manuel Clemente Ochoa.

¿Por qué siempre dicen lo mismo de cualquier arte primitivo: debe buscarse en motivaciones de tipo religioso o mágico? Por qué no, tomando la recomendación de Leonardo (sólo para que su nombre os haga parar la oreja, porque la experiencia es común a todos): la de observar con atención las quebraduras o humedad de las paredes porque en ellas -en algunos casos- se adivinan figuras y a partir de lo que estas manchas sugieren puede el artista a futuro componer un cuadro.

Pienso que esto pudo pasar con los artistas de Altamira, que a fuerza de ver las paredes de su cueva, alumbrada por sus antorchas, variando los ángulos de continuo, uno terminó por ver en los relieves y texturas, al animal de todos los días. Luego del atrevimiento de seguir las insinuaciones de la piedra con los tizones y reproducir al bisonte, de la manera tan real como hoy lo vemos y ante el asombro de la familia completa, el artista tal vez se haya desmayado, por ser el primero en no creer lo que había hecho (cosa que va a pasarle al artista de todo tiempo con su obra).

Para dejar tranquila a la Iglesia (o a los hechiceros) lo mágico y religioso vino enseguida cuando los mirones (críticos), pidieron eliminar al animal virtual con flecheros igualmente virtuales. Y éstos son estilizaciones de cazadores, inventados en el acto. En un instante el artista de Altamira lo tuvo todo, incluida la crítica, porque como sabemos, miles de años después llegarían las escuelas y facultades de arte, los historiadores, los movimientos artísticos y por último los curadores.

 

Nota a un aspecto de “Servidumbre Humana”, novela de Somerset

Maugham. Mayo 18

“-Me pregunto si vale la pena de llegar a ser un pintor mediocre. En las demás profesiones –medicina o comercio- la mediocridad no hace mucho al caso. Se gana para vivir y se sale adelante. Pero en el arte no ocurre así” Estas duras comprobaciones sumen en dudas al aprendiz de pintor y protagonista de la novela, parece cierto que como pintor hay que descollar para tener alguna importancia sino, el fracaso de sus ambiciones, puede llevar al artista al suicidio o volverlo loco.

Cosa impensable en médicos, abogados o políticos mediocres. El arte es –además- asunto de vocación o autoengaño; al resto le dará un ardite si en su empeño el artista llega a morirse de hambre, como sucede con la aprendiz de pintora, Fanny Price, en la misma novela. Aunque también la época que trata la parte que anoto, ya fue: el arte era todo un riesgo, tanto que transcurre cuando recién Gauguin hacía su primer viaje a Tahití, Vang Gog deambulaba en Arlès y el grupo de jóvenes ingleses y norteamericanos que estudiaban pintura en París, entre los que vive su educación sentimental el protagonista del libro, abjuran de la admiración que en su día tuvieron por Ruskin, G.F.Watts y Burne Jones. Y si la novela se llama “Servidumbre Humana” al terminarla uno tiene que retroceder a reflexionar, servidumbre humana ¿A qué? O tal vez ir al Cluny, como recomienda Cronshaw y frente a esos tapices persas encontrar la respuesta.

-Se muestra usted misterioso- observa Phillip -Estoy borracho- concluye Cronshaw.

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